Las voces del enano


Dale, ratón, acá no te ve tu papi. En esta historia, no hay pandemia. Te vas de joda y te la das en la pera.

Un cuento de Lucas Vega (@lisandrobrusca) leído por la voz de tu conciencia


Entramos medio entonados, pero sin mayores inconvenientes. Por suerte ya estábamos adentro. La música, las luces, la oscuridad que envolvía el ambiente, la gente bailando, todo contribuyó a que viésemos en aquel boliche, un templo. Era una ceremonia. Y, entonces, venía enseguida Roque y repartía. Una ronda de manos abiertas, palmas hacia arriba.

Eran todas iguales. Tenían el dibujito de un enano. Y el dibujo también era simétrico, como tallado, parecía fruto de la técnica de grabado que se aplica en maderas. Pero, en vez de eso, pensé que –seguro– eran el producto de moldes, simplemente; de una reproducción en serie y ya no del trabajo artesanal. ¿Por qué será que vemos la belleza en la simetría, en el orden y no, en el caos?

Las tomamos al unísono. Empezamos a bailar. Fueron levantando de a poco. A medida que iban subiendo, la voz del enano –contenido en la pastilla– fue haciéndose cada vez más clara. Roque podía escucharlo con claridad. Ahora le decía que no tome agua, aunque tuviera sed. También le dijo que no fuese al baño y lo dotó de cero ganas de hacer pis. Lo dejó seguir bailando, sin necesidades físicas que atender.

A Roque lo perdimos en un momento. Siempre pasaba eso, todas las noches.

Él estaba solo, perdido y decidió hacerle caso a la voz del enano que le hablaba en su cabeza. Bailaba, escuchando la vocecita que le indicaba qué hacer.

Cuando el último dj se dispuso a terminar la jornada, con unos sonidos locos que hicieron viajar a todo el mundo, los soniditos se fueron fundiendo con el silencio. Entonces, abrimos los ojos y nos vimos, ahí parados, ya sin bailar, con los brazos colgando a los costados. Pero Roque no estaba, seguía sin aparecer.

Cosa rara. Siempre desaparecía, y al rato nos reencontrábamos –a la distancia o en el baño– y nos abrazábamos de la emoción.

Esta vez no apareció.


Yo quiero una, ¿y vos?


¿Querés leer/escuchar uno más corto todavía? Dos amigos, dos historias. Una noche, una muerte.

Leer El pasaje

Un experimento enigmático leído por Lourdes Pingeon (@louredss)



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