Almagro


Nuestro protagonista vive un día muy particular. Pasa a buscar a una ex por el aeropuerto y, con el paso de las horas y las copas, bueno... mejor dejémoslo ahí.

Un cuento del Pingüino Empetrolado leído por Lourdes Pingeon (@louredss)


Se cambió y salió hacia el aeropuerto.

***

—Mucha cerveza artesanal, pero la verdad es que el feca de Buenos Aires es malísimo —dijo ella mientras abandonaban arribos internacionales.

Él le contestó que se dejara de joder, que lo importante era la charla, no el café. De todos modos, aceptando el desafío, la llevó a El Banderín, sobre Guardia Vieja. Ella probó el ristretto, y puso cara de asco. Dijo que no se comparaba con el de Italia. Y siguieron hablando de cualquier cosa, como antes.

Le preguntó si todavía tenía al enano de crochet. Y él le dijo que sí, que las cosas con el frente de liberación iban bien, pero quería su opinión sobre un sueño extraño que había tenido: él se transformaba en enano de crochet pero su vida seguía igual, iba al trabajo, salía a tomar unas pintas, ensayaba y se dormía; entonces, como en una caja de mamushkas, soñaba que volvía a ser persona. Ella le dijo que no entrara en esos flashes, que la interpretación de los sueños era puro verso.

Siguieron hablando, pero no dijeron nada del pasado, y estaba bien: a veces las palabras sobran. Salieron y caminaron por las cercanías sin derrotero, como en la facultad. Calles de arrabal, de arquitectura anárquica. Por un lado, piedra París venida a menos; por el otro, edificios de uno, dos, tres ambientes con SUM. Pasaron por un caserón lleno de enanos de jardín.

Perdieron noción del tiempo. Cayó la noche y pidieron unas cervezas en Ladran Sancho. Luz Buena estaba tocando. Se mezclaron entre la gente y bailaron. Bailaron sin parar. Rieron sin parar. Sus cuerpos empezaron a transpirar. Tomaron más cerveza.

Él divisó a unas amigas de su novia cerca del baño. Propuso ir al boliche de Roberto. Se abrieron paso entre la gente y salieron. El aire fresco les sentaba bien. Los despabilaba. Caminaron por Bulnes hacia el sur, de espaldas a Palermo. Llegaron a plaza Almagro y en la barra pidieron whisky. Un dúo tocaba unos tangos en el rincón. “De chiquilín te miraba de afuera / como esas cosas que nunca se alcanzan / la ñata contra el vidrio…”.

El ambiente, las luces de las velas parecían invitar a los espectros de todos los tiempos. Pasado y presente. Él pidió otro whisky, y el dúo pasó la gorra. Los parroquianos colaboraron y aplaudieron. La noche avanzaba, y el bar se vaciaba.

Subieron al departamento desinhibidos y alegres. Comieron unas empanadas en el piso, como tantas otras veces. Prepararon café e hicieron el amor en la cocina, como tantas otras veces. Cuando se durmieron, sonaba El Frente de Liberación de Enanos de Crochet.

Al día siguiente, se despertó solo, ella no estaba. Se enojó, pero no era la primera vez que lo hacía. Preparó café (necesitaba mucho café) y entró al diario en línea. Todas las noticias hablaban de un accidente aéreo. Entre las víctimas, encontró su nombre.

Se cambió y salió hacia el aeropuerto.


Cómo lee esta piba, ¿no?


¿Querés leer/escuchar uno más corto todavía? Dos amigos, dos historias. Una noche, una muerte.

Leer El pasaje

Un experimento enigmático leído por Lourdes Pingeon (@louredss)



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